No hace falta ser Hércules Poirot para avanzar en la ecuación del futuro probable a corto. Según lo visto y leído, y una vez tiroteada, muerta (bueno: asesinada) y enterrada Renée Good, los agentes federales embozados acaban de neutralizar (bueno: tirotear a bocajarro) en lamentable acto de servicio a otro de los que andaba protestando en la calle. Éste, al parecer, portaba una pistola con dos cargadores, como cualquier ciudadano de los Estados Unidos que se precie. Un peldaño más en la escalada de violencia. La milicia cuasi-paramilitar creada ad hoc por la administración al mando le está tocando los cojones a We The People que, como ya digo, no va mal surtida de armas y que, en un momento dado, y tal y como están de caldeados los ánimos, no se va a poner precisamente a tirar piedras a la palestina, a pesar de las reiteradas llamadas a la calma por parte de las autoridades demócratas del estado. Conociendo a Calígula, no creo que llegado el caso le tiemble la mano a la hora de aplicar la ley marcial porque, entre otras cosas, eso le da un subidón de poder hasta el nivel Dios, inmunizándolo frente a leyes y al qué dirán dentro y fuera de ese gran país. Veremos cómo evoluciona la cosa. Tengo la impresión de que, si no se desata la tercera guerra antes, al actual presidente no le van a ir demasiado bien las cosas en clave electoral, y que ya está oliendo el plato frío de la venganza a la vuelta de un mandato tras el que no le espera otra cosa que la ruina financiera y, muy posiblemente, la cárcel una vez perdidas las elecciones. Conociendo a Donald Trump, nada mejor que una huida infernal hacia adelante que le permita perpetuarse en el poder absoluto so pretexto de insurrección interna o, directamente y ya sin pretextos, como valedor omnipotente, abanderado de las Fuerzas del Bien, tras el estallido de una guerra a gran escala de puertas afuera. Y a ver cómo sopla el viento en el mundo que venga después. Si viene.
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