9 de enero de 2026

Bajona Invernal II

 

Me doy cuenta del sesgo brutal que supone que las cosas que se le pasen a uno por la cabeza provengan de fuentes tan poco fiables como la prensa convencional. No por ello es que quiera romper una lanza a favor de la selección espuria de noticias y sucesos que a cada quién les asignan aviesamente las redes sociales. Al final, se trata de elegir la deformación informativa que mejor se adapte a cada tipo de persona. Elegir, digo, pero siempre a sabiendas de que la cosa tiene truco. Asumir formas de ver la vida desde la distancia del sano escepticismo, sin convertirnos en fanáticos porteadores de opiniones niqueladas que únicamente contribuirán a hacernos cada vez más insoportables hasta que, una buena mañana, despertemos metamorfoseados en Insecto-Cuñado, un poco a la manera de Gregorio Samsa. También puede uno abstraerse, dejarse abducir por las cotidianidades del micromundo que colorea nuestros días y que a nadie interesan (en mi caso, y por ejemplo, la obra de enfrente o las hojas muertas de la terraza) ni, por tanto, ofenden, pero a ratos aburren. Demasiado aquí y ahora, la paz de no pensar ni juzgar ni opinar, es perjudicial para la imaginación. Prueba de ello es el ratito que llevo pasmando delante del ordenador, absorto en la depredación quirúrgica de pequeños padrastros, como hierbajos que brotan a la ribera de las uñas. Aquí lo dejo por hoy.

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