22 de enero de 2026

Catástrofes intercambiables

 

La prensa ordeña despiadadamente el accidente de trenes. La teta noticiosa nunca está lo suficientemente seca y arrugada. Las fotos de los muertos, otra opinión de otro catedrático que irá a parar al montón de opiniones de otros catedráticos en las mil facetas de la materia objeto de estudio, un microrretrato solidario que irá parar al montón de otros tantos microrretratos solidarios, el previsible luto oficial y los minutos de silencio aquí y allá, las visitas de los prebostes de la política, no sea que el enemigo vaya a decir dónde estabas entonces, los cuñados tertulianos afilando puñales, a la espera de que se levante la tregua mediática, la búsqueda del perro extraviado, sadismo periodístico disfrazado de crónica del dolor de los familiares de las víctimas. La consigna en las redacciones de los diarios es también la captura de cualquier incidente ferroviario vivo o muerto, nacional o extranjero. La vertiente informativa empieza a cobrar tintes sospechosos de morbo y salseo. Pronto, muy pronto, se levantará la veda y cada amo soltará a su rehala en la ciénaga, a la caza de un culpable real o imaginario, pero que encaje en el retrato robot tuneado al gusto de esta o de aquella opción política. Donde digo trenes podría decir danas, terremotos, incendios, explosiones y otras catástrofes. Los medios abusan de todas por igual.

No hay comentarios: