Hoy es uno de esos días en los que no tengo ganas ni se me ocurre sobre qué demonios escribir. La jornada de un sábado frío y lluvioso encerrado en casa, tirando de luz de bombilla a deshoras mientras la bomba de calor hace lo que puede, que es bastante, apenas da para una taza de caldo insípido de realidad. El Telediario me dice que nieva en otros lugares de España y hace de ello noticia que, en mi opinión, peca de exceso de cobertura. Como sucede con la lotería, estos fenómenos meteorológicos invernales no dan más que para clichés: la señora diciendo qué frío hace, los niños retozando en cuatro centímetros de nieve y el consabido precaución amigo conductor a cargo de la DGT, acompañado de una toma aérea de unas carreteras más mojadas que nevadas. Bueno. También, ahora que se me viene a la cabeza, está Julio Iglesias, defenestrado por las audiencias en juicio sumarísimo por sátiro latino. Pienso yo que el hombre, al ser tan famoso, no podía echar mano discretamente de un elenco de putas fieles y bien pagadas. Guardar las apariencias sirviéndose de personal doméstico no profesional a la hora de aliviarle los apretones nocturnos conlleva esos riesgos. La pornochacha es, a fin de cuentas, un mito igual que el del truhán que a la vez es señor. Es posible que con el paso de los años Julio Iglesias confundiera su persona con el personaje. Dicho lo anterior, he de confesar una cierta envidia sana y, desde aquí, alabar el buen gusto de sus gobernantas mamporreras en los castings. Si yo fuese viejo y verde. Si yo tuviera dinero. Si careciera de escrupulos morales. Si yo hubiera ganado el Festival de Benidorm. No es fácil ser Julio Iglesias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario