20 de enero de 2026

Carpe Diem, por si acaso

 

Mañana, fisio. Tempranito, a las nueve de la mañana. Me pregunto qué pensaré de mí cuando relea esta especie de diario en clave microblogging en algún momento indeterminado del futuro. Probablemente me reconozca más como sujeto de mi vida cotidiana y menos en las opiniones de cuñado que vierto cuando me pongo a trotar al paso que marcan los periódicos. O igual estalla la tercera guerra mundial y, con ella, todos los servidores requisados al servicio de la industria de guerra. Ojo, que si ganan las tropas de Trump -ese Calígula del siglo XXI- no me cabe duda de que los servicios de inteligencia cribarán datos, probablemente con ayuda de la I.A., para señalar a todos aquellos que hayan mostrado desagrado o, directamente, hayan manifestado o expresado burla en los espacios virtuales contra él, sus histrionismos y sus geopolíticas insensatas. Igual que con los maestros sindicados de la República, pero más niquelado. En un futuro chungo, me veo catalogado en una celda de Excel como “Desafecto al Nuevo Orden” en los archivos MAGA, a cuenta de textos como este. Pero desafecto de baja intensidad. Así que dudo que me encierren en algún ghetto de proscritos o, directamente, me peguen un tiro en la cabeza. Eso sí, es posible que se me prive del acceso a las cartillas de racionamiento y otras limosnas a la población civil vencida en tiempos de posguerra. Aunque es también un hecho que tanto los artefactos nucleares como los drones siniestros son poco dados a discriminar, por lo que pudiera ser que, en mi condición de víctima colateral del conflicto, no llegase a cumplir los setenta en este valle de lágrimas. Quién sabe. Visitemos al fisioterapeuta mañana, sigamos publicando naderías en el Watiblog y aprendamos a apreciar estos tiempos aburridos de pequeñas preocupaciones en lo que verdaderamente valen, como si fuesen los últimos. No creo que sea necesario pedir confirmación a los empadronados en Kiev para avalar esta última apreciación mía.

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