11 de enero de 2026

Maga Maga Maga Oe Oe Oe

 

Tengo la impresión de que los norteamericanos se preocupan mucho más por lo que sucede en el interior de los US of A que de los desafueros que su democrático país perpetra allende sus fronteras. Y me parece, hasta cierto punto, lógico. El equipo de casa, campeón de todo, arrambla con los títulos que puede. Que haya comprado a los árbitros es un dato irrelevante, que apenas deslustra la gloria de haber conquistado la Supercopa del Petróleo. No creo que ningún ciudadano de ese país le haga especialmente ascos al dinerito que promete fluir a las arcas del Treasury por el camino del oleoducto y, la verdad, ser propietarios de Groenlandia a la mayor gloria de Dios también tiene su aquel. Todos esos sucesos -sospecho- hacen afición patriótica; muchos ciudadanos demócratas y republicanos que reconocen un poco a su pesar que el país necesita a los Proud Boys animando desde la grada: Maga Maga Maga Oe Oe Oe. Que levante aquí la mano quien no sienta en el fondo de su ser una cierta nostalgia por ese imperio en el que no se ponía el sol, añoranza por nuestros gloriosos tercios, el oro y la plata de las Indias, etc... Quien no haya fantaseado con una España grande y libre, locomotora de Europa, martillo de herejes, luz de Trento, respetada y reverenciada por sus antiguas colonias, con las que comercia y obtiene pingües beneficios. Fantasías de porno geopolítico con encaje perfecto en quienes celebramos, con patriotismo indisimulado, la conquista de la Copa del Mundo hace diez años. Por otra parte, está el enemigo común a batir o el Imperio del Mal, muy a la manera James Bond: Doctor No, Spectra y Scaramanga encarnados en ya sabemos todos quién. A esa santa cruzada también se apuntan los Cristianos de Bien, creyentes o no. Y, por fin, el Capitán América acuartelado en Mar-a-Lago reventando audiencias mientras supervisa sus operaciones especiales en clave de blockbuster. En fin, que no me extraña que los ciudadanos estadounidenses hagan de todo eso unos pelillos a la mar y no se indignen más allá de lo que mandan las apariencias biempensantes. Lo verdaderamente preocupante para estos patriotas armados y consumistas hasta la náusea ha de ser que un presidente electo -por poco margen, oiga- no tenga empacho en enviar a la guardia pretoriana a los feudos democráticos disidentes, el lawfare sucio, la cancelación desfachatada, los actos de grosería prepotente, las mentiras impunes y todo ese fascismo doméstico a cara descubierta. Como no lo arreglen ellos desde dentro, el resto del mundo lo vamos a llevar crudo.

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