Hoy toca la lotería del Niño, que es como un telonero del Gordo pero al revés. Si hay negocio a la vista, no tardarán en crear y promocionar ad nauseam la lotería de la Niña. En esta época en la que, por ejemplo, las mujeres son protagonistas de según las cosas que convienen porque queda ideológicamente bien, y además vende, el sorteo de la Niña resulta un engendro imaginario bastante plausible. Me llama la atención el fenómeno de las existosísimas spin off o cómo el capitalismo multiplica celebraciones encabalgado en éxitos comerciales antiguos y no tanto. Supongo que la cuestión de fondo es que siempre hay dinero que rascar si se aplica el marketing adecuado, si se pulsan las teclas que hacen salivar a las masas empanadas, lo cual resulta cada vez más fácil considerando la creciente extracción intensiva de datos en el caladero de las redes sociales. Quienes nos venden esta o aquella moto nos conocen mejor que la madre que nos parió y saben que donde hay un presidente del gobierno cabe perfectamente un vicepresidente y, después, un vicepresidente primero y luego uno segundo: saben que todos queremos lucir galones en el disfraz. Las preuvas me hacen pensar en los anterreyes, aunque, pensándolo bien, Papa Noel ya ha asaltado ese nicho; ahí ya nos la han colado los comerciantes. De las rebajas de enero hasta el Black Friday y, ahora, también el Cybermonday. Las subcategorías en los realities que desde hace un tiempo repiten fórmula con niños y famosos. Los premios de la industria del cine: donde antes solo había -o interesaba- película, director y actor, ahora hay un tuttifrutti de Óscars, Goyas, Leones, Césares, Espigas y otros premios que gotean y galardonan modalidades cada vez más irrelevantes para el espectador, cuando no directamente absurdas. El nepotismo extremo de los famosetes de segunda o tercera división como asunto de interés en los medios, que se empeñan en explorar y glosar la escoria espacial flotando en la Galaxia de los Don Nadies. Y termino: Me llama poderosamente la atención el esfuerzo de la prensa digital por hacer obituarios de influencers desconocidos y de actores olvidados, que es relleno informativo seguro, pues en el mundo es inevitable que todo suceda siempre. Pero, de verdad, la gente ¿paga por ver o leer esas cosas? Lo mismo es que estoy abusando de mis ratitos de soledad más de la cuenta y me estoy quedando ciego.
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