31 de marzo de 2026

Rosalía raca-que-te-raca

 

Detrás de la turra mercadotécnica de Taylor Swift, ahora le llega el turno a la matraca Rosalía raca-que-te-raca. Me imagino a todo ese colectivo de periodistas a sueldo de los diarios en la redacción o teletrabajando con resignación profesional en la cobertura informativa del espectáculo circense dentro y fuera del Movistar Arena. Los promotores afinan cálculos y estiman que cuatro conciertos cuatro en la capital ofrecen el máximo retorno financiero. Es el ordeño integral del maravilloso mundo de Rosalía del que, como el cerdo, se aprovecha todo. Antes, Rosalía se coronaba en la disco con sus Motomamis, y yo imaginaba una especie de despedida de soltera con muchachas alcoholizadas estilo Magaluf y de repente una redada tipo ICE en la que detenían a la mitad de los varones de la disco por borrachos y lujuriosos. Bueno, eso era antes, porque ahora a alguien de su equipo se le ha ocurrido dar volantazo, y la catalana se nos aparece casta diva a la manera de Santa Teresa, así como de buen rollito con Dios y sinfónica de altos vuelos. El residuo musical que descanse muy al fondo del espectáculo irá seguramente a la basura como los posos del café. Y atentos al desembarco en Madrid de Shakira como una Godzilla colombiana con una mastodóntica máquina de facturar bajo el brazo. Confieso que a mí siempre me habían gustado los gorgoritos de la de Barranquilla way back when, pero eso es otra historia.

28 de marzo de 2026

Esta noche nos saltamos un meridiano por la cara

 

Esta noche nos saltamos un meridiano por la cara. Me gusta pensar que vienen días felices, tardes tibias de luz larga, calefacción apagada, ventanas abiertas y la linda pubertad verde del arbolado urbano en sus alcorques y, también, de mis macetas. Madrid se ha quedado razonablemente despoblado, prueba de que la felicidad vacacional aún nos iguala como seres humanos más allá de rifirrafes e ideologías, hasta nueva orden, digan lo que digan los Telediarios. Para celebrarlo como se merece: Silla, velador de mármol, manga corta, bandana tapacalvas, plato de langostinos cocidos y latita helada de Mahou de esas de a 25 centilitros. Se me cruza por la periferia de los cielos una nube despistada que pone en perspectiva toda esa masa azul que, al menos hoy, no se derrumbará sobre mi cabeza. Amancio Ortega en su yate no lo habría hecho mejor.