13 de abril de 2026

Galaxia Gineceo

 

Lo que ellas quieren, lo que ellas esperan, lo que ellas desean, lo que ellas padecen, lo que ellas aborrecen, lo que ellas... Ellas y más ellas. Ellas y su cosmología biológico-moral en la que la ciencia de las cosas, los axiomas, normas, estándares y referentes rinden pleitesía al sacrosanto canon femenino. Algunos postulados interesantes que rigen en esta especie de Galaxia Gineceo son los siguientes: (i) somos seres más complejos, (ii) estamos dotadas de una sensibilidad superior, (iii) trabajamos más y mejor, (iv) sufrimos más, (v) poseemos una superioridad moral innata, (iv) somos líderes en sacrificio o abnegación, (v) delimitamos las fronteras del humor y de lo políticamente correcto, (vi) gozamos de patente de corso en las comparaciones de lo odioso, (vii) somos manifiestamente superiores en cualquier comparativa con el sexo opuesto y no existe prueba en contrario que no sea discriminación disfrazada, (viii) somos víctimas del lenguaje, (ix) somos víctimas de la Historia, (x) representamos el futuro y el progreso. Los hombres son toscos utensilios simplones, casi relegados a su faceta reproductiva, cuya valía depende de la capacidad de adaptación a las asfixiantes condiciones que determinan la supervivencia en armonía con el Gran Ombligo Femenino. Llegados a este punto creo necesario señalar que la Galaxia Gineceo adolece de infestaciones masculinas insurgentes como machirulos, maltratadores, pollaviejas, incels y otros parásitos que hallan en ese ecosistema un caldo de cultivo ideal para su proliferación. Por fortuna, y como en las franquicias Marvel, existen universos paralelos que posibilitan existencias alternativas. Así, y en mi caso, hace tiempo que emigré a otra galaxia habitada por personas. Del sexo que sea, pero personas a fin de cuentas. Estoy tramitando la residencia permanente.


11 de abril de 2026

Avanzadilla de primavera

 

Tres días de sol como tres espejismos del verano que vendrá, pero que aún no ha llegado. Cuando las temperaturas caigan a plomo me pillarán con la guardia baja. Dejaré de subir a la terraza de arriba con la manga corta por bandera y la ilusión cumplida de desayunos entre brotes verdes y floraciones que prestan oídos sordos a la dictadura del calendario. Disfrutemos del presente improbable, qué demonios: aún queda sábado que quemar, al calor, ya menguante, de esta anomalía climatológica. Sólo o acompañado (los amigos sirven para eso), me he propuesto descorchar ahí arriba una botella de Marqués de Cáceres y, apalancado en alguna de las cuatro sillas azules, picar algo al tran-tran del mediodía y, a partir de ahí, andamiar un tardeo sin Telediarios y sin siesta, amenizado con cualquier capricho de mi rebotica musical, por obra y gracia de la tecnología Bluetooth. Están invitados.

9 de abril de 2026

Beta-Testers de la estupidez

 

Bebo y bebo y vuelvo a beber de las fuentes efímeras de Instagram, en detrimento de artículos de prensa que demandan casi siempre una lectura más intensa y proactiva. Desde mi pereza, observo con cierto asombro una mutación del sesgo que depende de la comunidad de afines con los que intercambies reels como en una dinámica de fuego amigo: Ahora parece estar de moda fumigar la plaga de malas hierbas conspiranoicas a base de herbicidas cargados de ciencia, historia, sociología y otros compuestos culturales. Influencers cizañeros vs. divulgadores ilustrados: ¡la batalla está servida! (haciendo un inciso, debo decir aquí que los remedios caseros de toda la vida a base de intuición y sensatez también me sirven para detectar a priori las mamarrachadas que circulan por ahí sin que tenga que terciar Carl Sagan en el asunto...) Los propaladores de chorradas sin fundamento gozan de una obvia ventaja a la hora de incrementar la masa de seguidores: cuanto más escandalosa sea la sandez, mayor número de replicantes acríticos, lo que a su vez dispara la notoriedad y por ende la posibilidad de ingresos publicitarios -dinero fácil- que en el fondo es lo que anhela la inmensa mayoría de jugadores que postean con denuedo en las plataformas virtuales. El tiempo de reflexión es enemigo de la inmediatez. La gente lo quiere fácil y lo quiere ya. Pensar lo justo para dedicarse a lo importante: consumir, que es la ilusión nuestra de cada día. Los Iluminati no buscan otra cosa que una humanidad empanada, dividida y manipulable, y con este fin nos envían una sonda de conspiranoicos, como beta-testers del imparable avance de la estupidez humana.

31 de marzo de 2026

Rosalía raca-que-te-raca

 

Detrás de la turra mercadotécnica de Taylor Swift, ahora le llega el turno a la matraca Rosalía raca-que-te-raca. Me imagino a todo ese colectivo de periodistas a sueldo de los diarios en la redacción o teletrabajando con resignación profesional en la cobertura informativa del espectáculo circense dentro y fuera del Movistar Arena. Los promotores afinan cálculos y estiman que cuatro conciertos cuatro en la capital ofrecen el máximo retorno financiero. Es el ordeño integral del maravilloso mundo de Rosalía del que, como el cerdo, se aprovecha todo. Antes, Rosalía se coronaba en la disco con sus Motomamis, y yo imaginaba una especie de despedida de soltera con muchachas alcoholizadas estilo Magaluf y de repente una redada tipo ICE en la que detenían a la mitad de los varones de la disco por borrachos y lujuriosos. Bueno, eso era antes, porque ahora a alguien de su equipo se le ha ocurrido dar volantazo, y la catalana se nos aparece casta diva a la manera de Santa Teresa, así como de buen rollito con Dios y sinfónica de altos vuelos. El residuo musical que descanse muy al fondo del espectáculo irá seguramente a la basura como los posos del café. Y atentos al desembarco en Madrid de Shakira como una Godzilla colombiana con una mastodóntica máquina de facturar bajo el brazo. Confieso que a mí siempre me habían gustado los gorgoritos de la de Barranquilla way back when, pero eso es otra historia.

28 de marzo de 2026

Esta noche nos saltamos un meridiano por la cara

 

Esta noche nos saltamos un meridiano por la cara. Me gusta pensar que vienen días felices, tardes tibias de luz larga, calefacción apagada, ventanas abiertas y la linda pubertad verde del arbolado urbano en sus alcorques y, también, de mis macetas. Madrid se ha quedado razonablemente despoblado, prueba de que la felicidad vacacional aún nos iguala como seres humanos más allá de rifirrafes e ideologías, hasta nueva orden, digan lo que digan los Telediarios. Para celebrarlo como se merece: Silla, velador de mármol, manga corta, bandana tapacalvas, plato de langostinos cocidos y latita helada de Mahou de esas de a 25 centilitros. Se me cruza por la periferia de los cielos una nube despistada que pone en perspectiva toda esa masa azul que, al menos hoy, no se derrumbará sobre mi cabeza. Amancio Ortega en su yate no lo habría hecho mejor.

26 de marzo de 2026

Bikinazo

 

Las Galerías de Famosos que se publican en los medios de prensa respetable contienen, a lo que he podido mirar, y en su mayoría, a mujeres más o menos mediáticas en posados que yo calificaría de indecentes si la vara de medir fuese la cosificación o sexualización tan denostada por el feminismo chusco. Curiosamente, los calendarios de tías en bolas que antaño colgaban en fruterías, talleres y bares de viejos se han trasladado ahora a los dominios virtuales, y ahora lo llaman bikinazo. Las propietarias de los cuerpos en cuestión, of course, tienen ideas propias al respecto, a veces paradójicas hasta el sonrojo, y defienden a capa y espada sus virtudes profesionales en el prime time de la parrilla televisiva o, arropadas por sus community managers (los nuevos negros), en las leyendas a pie de imagen en Instagram o plataforma similar. La vertiente visual, la parte florero, la que salta a la vista, la que nutre los ratings de audiencia, quizá por obvia, no merece comentario, reflexión u opinión sin pelos en la lengua por parte de nadie, so pena de destierro al ghetto de la machosfera. Hipocresía moderna en este mundo de cancelación en el que sobrevuela amenazante un reproche criminal al primero que se le ocurra decir esta boca es mía, me parece a mí. En fin, volviendo a las chicas-anuncio (influencers, entiéndaseme), su cuerpo es suyo: nosotras facturamos, nosotras decidimos; nada que objetar en tanto que forma legítima como cualquier otra de buscarse las habichuelas. Pero tampoco me parece bien, no es justo ni paritario ni equitativo afear la conducta mental de aquellos o aquellas a quienes se la trae al pairo el minivestido, la lencería, el yate, la playa paradisíaca o el producto promocionado y se limitan a generar un simple juicio estético -no moral- sobre el cuerpo glorioso de soporte.