Maldita lluvia persistente. Llueve y todo son ganas de nada, menos en el interior de una oficina climatizada y sin ventanas, donde un viernes laborable es igual que otro, y no cabe detenerse a pensar en lo que sobra o lo que falta, salvo afilar las herramientas del ocio teledirigido del fin de semana. Pero esto no es una oficina y llueve y la lluvia se hace notar en mis ánimos decaídos. Escucho un hermoso disco firmado por Elizabeth Woolridge Grant, cuyo nombre evoca el de una escritora de otra época. Acabo de consultarlo en la Wikipedia y, por mucho que piense, no encuentro relación entre esa mujer tan victoriana y Lana del Rey. Tengo que salir a la calle a recoger un edredón de la tintorería y a comprar sustento para hoy. Habrá boxeo; mi espalda aguanta estoicamente, igual que su dueño soporta la climatología adversa. Entiéndaseme, esto es estoicismo de salón: aquí en Madrid no somos Grazalema.