4 de febrero de 2026

El bigotito del Chef

 

Los cocineros de altura empiezan a dejarse bigotito. El arte de emplatar nunca fue suficiente para vender primero, segundo, postre y café o chupito a precios estratosféricos. Ahora el chef aspiracional ha de lucir pulcrito y modernete para justificar un plus de marginalidad que le dé la razón a la carta de precios. De la mera supervivencia alimentaria al arte culinario hay un largo camino; una carrera de resistencia en la que el combustible natural se almacena en billeteras o tarjetas bien dotadas de fondos al otro lado de la TPV. La meta volante de las Tres Estrellas míticas está al alcance de unos pocos ciudadanos que, más ahítos que hambrientos, atraviesan la puerta del restaurante, ya sobrados de muchas cosas materiales, quizá demasiadas: se come sin hambre y se bebe sin sed y a todos nos parece natural. Comer hambriento se está volviendo cosa de pobres de esos que se quejan por cuánto han subido los huevos o el pescado, y que nutren las estadísticas en las que se apoya la inflación no subyacente de la que informan los Telediarios. Entre tanto, los jóvenes sacerdotes de la restauración afilan sus bigotitos en las barberías de autor, otro negocio primo hermano en estos tiempos convulsos. Según el diario El País, una facción de fanáticos armados asesina en Nigeria a 170 personas por cuestiones religiosas. Esta insignificante noticia figura cuatro secciones más abajo y más allá de “En Vídeo”, “Lo Mejor de la Semana”, “Ocio y Estilo de Vida” y, como no, “El País Gastro”. Lo dicho, corren tiempos extraños.

2 de febrero de 2026

Grammys a vuelapluma

 

Unas líneas en clave Grammy de anoche. Me inspiro, me motivo con un vaso de culo de vaso medio lleno de vino peleón de supermercado, manque reserva, Puerta de Alcalá. Desfilo en vertical a lo largo de los cuarenta y tantos posados estilo photocall que componen el álbum de cromos de la gala. Sorbo de vino y, primero de todo, me digo que soy un ignorante aferrado a mi libertad de expresión: el que se excusa, se acusa, etc. Sorbo de vino: qué mal le sienta el esmoquin a los tíos. Sorbo de vino: vaya par de tetºtas las de Karol G, me siento poseído por el ánima de Fernando Esteso. Sorbo de vino: cuánto adefesio semidesnudo. Hay transparencias que ofenden la vista. Otras no, pero es más mérito del cuerpo que del atuendo. Sorbo de vino: un esperpento detrás de otro. Pido perdón en voz alta y de mentirijillas a los modistos perpetradores por mis opiniones insensatas. Otro sorbo de vino: ¿pero quién es toda esa gente? No conozco a nadie. El vaso vacío: una tal Teyana me provoca pensamientos que probablemente no ampare mi libertad de expresión; aquí lo dejo. Me llama la atención un cuarteto de normies; esto es, no especialmente horteras, que resultan ser los premiados al mejor álbum de Rock, la banda Turnstile. El álbum ganador es el que escucho ahora mismo, en tiempo real, al cierre de esta entrada. Trash Metal, otros temas menos agresivos y pinceladas musicales futuristas. Buenos.