7 de mayo de 2026

Pies Sucios

 

Salgo a trotar. A raíz. Para quienes observan estupefactos, las aceras de Madrid son un repositorio de meadas de perro, cristales emboscados, gargajos, polvo sucio, excrementos de rata, bacterias letales, clavos, agujas quirúrgicas posiblemente infectadas de VIH y todas las variantes implícitas en el genérico mierda. Los niños, aún incontaminados por el consenso social del asco, se limitan a expresar sorpresa: mamá ese señor va descalzo o similares. El señor descalzo, o sea yo, picotea los adoquines grises ajeno a todo eso, más atento a los mensajes sensoriales que le comunican izquierda derecha izquierda derecha las suelas orgánicas de las palmas de los pies, por fin libres de la tiranía menor de las sandalias. Zapatos, deportivas y calcetines sacrificados hace tiempo en el ara de una vida, acaso más incómoda, para qué negarlo, fuera de la matrix comercial que promete la superación centesimal de los límites del ser humano a base de prótesis mágicas y tecnología que para mí no valen más que la perra gorda del refrán. Después de casi diez años puedo aventurar la hipótesis de que quien corre descalzo no compite ni busca mejorar tiempos ni técnica de carrera. Corre así porque quiere y porque puede. Mientras pueda. Así de simple y, a la vez, así de complejo.

27 de abril de 2026

Mulas

 

Qué pereza ponerse a escribir de lo cotidiano de uno. Más pereza aún da divagar sobre cualquier chorrada circunstancial, a sabiendas de la ignorancia crasa que subyace en la fuente de toda convicción mía. En cualquier caso me autoindulto por las opiniones -o mejor, ocurrencias- posiblemente descerebradas que se me vienen a la cabeza, aun cuando no superen el listón de lo respetable. Y este es el secreto, la fórmula que me permite seguir escribiendo sin convertirme en hater de mí mismo. La extravagancia terapéutica de escribir por escribir. Me pregunto que pensarán de sí mismos, y a este respecto, quienes vierten sus opiniones en los medios a cambio de un estipendio. Para mí, desde luego, supone un descargo de responsabilidad enorme el saber que publico para nadie, porque quiero, porque puedo y porque es gratis. Cambio de tercio. Me acuerdo ahora de las pobres mulas de la Feria, obscenamente rasuradas, dejando a la vista una trama irregular de venas engrosadas por el esfuerzo de arrastrar a los turistas horteras entre el tráfico y los atascos de Sevilla. Una estampa más bien anacrónica e incongruente. Y hasta triste. La plastificación comercial del romántico paseo en calesa por las calles de una ciudad antaño hermosa que hoy, como tantas otras, se ahoga entre comercios, marquesinas y semáforos. Espero al menos que, ya que no les pagan por su labor tan ingrata, sus amos las traten bien.


25 de abril de 2026

En la Periferia de la Feria

 

Hoy he encintado y pintado de blanco dos techos y una habitación. Recién llegué a casa y lo celebro con Pink Floyd y unos Lacasitos, después de recoger la ropa tendida desde que me marché esta mañana. El cuerpo, naturalmente, cubierto de ronchas y motas blancas que se curarán con la próxima ducha, mañana. Debo dejar constancia de que hace unos días anduve felizmente desorientado por el recinto de la Feria de Sevilla de la mano de D., camuflados entre hordas polvorientas de asesores inmobiliarios y gitanas engalanadas con flores de plástico muy realistas. La Feria de Sevilla me parece un evento desenfadado de quita y pon; de plástico, bombilla y rebujito. Muy encorsetado por la normativa municipal y la privacidad de las casetas desmontables, donde cada quién interpreta su sentir ebrio en medio de una bullanga en la que todos se entienden pero nadie entiende nada. Anda, jaleo, jaleo. Un plato de pescado variado y la consabida jarra de rebujito en la periferia de la Feria nos hizo felices al compás del tiempo compartido. Tomo buena nota de ello en el archivo de la memoria y lo elevo a Instagram, por si algún día se me extraviase el recuerdo.

13 de abril de 2026

Galaxia Gineceo

 

Lo que ellas quieren, lo que ellas esperan, lo que ellas desean, lo que ellas padecen, lo que ellas aborrecen, lo que ellas... Ellas y más ellas. Ellas y su cosmología biológico-moral en la que la ciencia de las cosas, los axiomas, normas, estándares y referentes rinden pleitesía al sacrosanto canon femenino. Algunos postulados interesantes que rigen en esta especie de Galaxia Gineceo son los siguientes: (i) somos seres más complejos, (ii) estamos dotadas de una sensibilidad superior, (iii) trabajamos más y mejor, (iv) sufrimos más, (v) poseemos una superioridad moral innata, (iv) somos líderes en sacrificio o abnegación, (v) delimitamos las fronteras del humor y de lo políticamente correcto, (vi) gozamos de patente de corso en las comparaciones de lo odioso, (vii) somos manifiestamente superiores en cualquier comparativa con el sexo opuesto y no existe prueba en contrario que no sea discriminación disfrazada, (viii) somos víctimas del lenguaje, (ix) somos víctimas de la Historia, (x) representamos el futuro y el progreso. Los hombres son toscos utensilios simplones, casi relegados a su faceta reproductiva, cuya valía depende de la capacidad de adaptación a las asfixiantes condiciones que determinan la supervivencia en armonía con el Gran Ombligo Femenino. Llegados a este punto creo necesario señalar que la Galaxia Gineceo adolece de infestaciones masculinas insurgentes como machirulos, maltratadores, pollaviejas, incels y otros parásitos que hallan en ese ecosistema un caldo de cultivo ideal para su proliferación. Por fortuna, y como en las franquicias Marvel, existen universos paralelos que posibilitan existencias alternativas. Así, y en mi caso, hace tiempo que emigré a otra galaxia habitada por personas. Del sexo que sea, pero personas a fin de cuentas. Estoy tramitando la residencia permanente.


11 de abril de 2026

Avanzadilla de primavera

 

Tres días de sol como tres espejismos del verano que vendrá, pero que aún no ha llegado. Cuando las temperaturas caigan a plomo me pillarán con la guardia baja. Dejaré de subir a la terraza de arriba con la manga corta por bandera y la ilusión cumplida de desayunos entre brotes verdes y floraciones que prestan oídos sordos a la dictadura del calendario. Disfrutemos del presente improbable, qué demonios: aún queda sábado que quemar, al calor, ya menguante, de esta anomalía climatológica. Sólo o acompañado (los amigos sirven para eso), me he propuesto descorchar ahí arriba una botella de Marqués de Cáceres y, apalancado en alguna de las cuatro sillas azules, picar algo al tran-tran del mediodía y, a partir de ahí, andamiar un tardeo sin Telediarios y sin siesta, amenizado con cualquier capricho de mi rebotica musical, por obra y gracia de la tecnología Bluetooth. Están invitados.

9 de abril de 2026

Beta-Testers de la estupidez

 

Bebo y bebo y vuelvo a beber de las fuentes efímeras de Instagram, en detrimento de artículos de prensa que demandan casi siempre una lectura más intensa y proactiva. Desde mi pereza, observo con cierto asombro una mutación del sesgo que depende de la comunidad de afines con los que intercambies reels como en una dinámica de fuego amigo: Ahora parece estar de moda fumigar la plaga de malas hierbas conspiranoicas a base de herbicidas cargados de ciencia, historia, sociología y otros compuestos culturales. Influencers cizañeros vs. divulgadores ilustrados: ¡la batalla está servida! (haciendo un inciso, debo decir aquí que los remedios caseros de toda la vida a base de intuición y sensatez también me sirven para detectar a priori las mamarrachadas que circulan por ahí sin que tenga que terciar Carl Sagan en el asunto...) Los propaladores de chorradas sin fundamento gozan de una obvia ventaja a la hora de incrementar la masa de seguidores: cuanto más escandalosa sea la sandez, mayor número de replicantes acríticos, lo que a su vez dispara la notoriedad y por ende la posibilidad de ingresos publicitarios -dinero fácil- que en el fondo es lo que anhela la inmensa mayoría de jugadores que postean con denuedo en las plataformas virtuales. El tiempo de reflexión es enemigo de la inmediatez. La gente lo quiere fácil y lo quiere ya. Pensar lo justo para dedicarse a lo importante: consumir, que es la ilusión nuestra de cada día. Los Iluminati no buscan otra cosa que una humanidad empanada, dividida y manipulable, y con este fin nos envían una sonda de conspiranoicos, como beta-testers del imparable avance de la estupidez humana.