Empiezo el día con la titulitis de Alcaraz, ese joven influencer enfermo de raqueta que sin demasiado acento murciano y un estilismo capilar aún por definir, ha clavado una pica en Google Maps; concretamente en la ignota Región de Murcia, cuna de la Batica de Verano, la Tarta Murciana y la Marinera. Y de mi padre que fue. Y aunque nunca besó trofeos, mi padre siempre hizo gala sin ostentación de su acento patrio. Mi padre era murciano de dinamita. Mi padre bueno. También se ha muerto Fernando Esteso, vaya por Dios, otra verdadera parte de mí, imbricado de serie, sin comerlo ni beberlo, en esa patria que es la niñez a la que uno nunca regresa. Rafael Nadal, otro niño viejo pero no roto, contemplaba con el pelo ya ralo, piel morena tensa sobre el cráneo y la máscara de una sonrisa la entrega de trofeos. Novac Djokovic pronto se pasará a este lado de la barra, de protagonista a espectador ilustre. Novac Djokvic tiene treinta y ocho años y pienso con extrañeza que ese viejo prematuro podría ser hijo mío. Interprétese esto último como una mera declaración de posibilismo cronológico, y no como una declaración de paternidad. No quiero líos judiciales. Me voy a celebrar cumpleaños ajenos, armado con un regalo de cortesía y dispuesto a todo lo que quepa en un tardeo de domingo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario