7 de enero de 2026

"En breves momentos le atenderemos"

 

Qué desazón, qué flojera, qué mala hostia se me está poniendo con el maldito robot de Endesa, que lleva veinte minutos taladrándome las neuronas con un mensaje comercial optimista, mientras espero comunicarme con un agente de carne y hueso. Entre locución y locución y locución y otra locución escribo esto y, de cuando en vez, me cago -viva voce- en la leche que ha mamado el Servicio de Atención al Cliente. “En breves momentos atenderemos su llamada” está alcanzando unas cotas de cinismo insoportables. No es sorprendente que cuando finalmente se ponga al aparato alguien que por lo general es mujer, latinoamericana y con nombre de culebrón, se enfrente a un tsunami de mala vibra encarnado en mi peor yo. Me imagino a la señora teletrabajando con los cascos inalámbricos mientras masca chicle o vapea tranquilamente ojeando chuminadas por Temu o a pleno scroll en Instagram o en conferencia simultánea con algún familiar de ultramar. Uñas postizas de colores. Sé que estas letras podrían atribuírsele a uno de esos Españoles de Bien que votan a Vox. Pero, con todos mis respetos a Santiago Abascal, no es el caso. Y, total, tras varias ofrendas de datos personales por mi parte, Gladys no me ha solucionado nada. Palabras amables ante un muro infranqueable de burocracias delirantes tras el que se parapetan las compañías energéticas. Voces colombianas dulces hasta la sedación que resuenan con ecos tiernos en los costurones de mi corazón de patata.

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