Mis amazónicos progresan adecuadamente en su casita de plástico. Estas Navidades, antes, después o en pleno Fin de Año me voy de viaje sin moverme del sofá, y el no saber adónde añade emoción al asunto. Sofá y mantita, estilo nórdico-narcisista, y a la búsqueda temeraria de las grandes verdades de uno mismo que yacen en el subsuelo del alma. Haya fiesta o infierno ahí debajo, disfrutaré de ambos, igual que se disfruta una película de terror o una comedia, siempre y cuando uno se las apañe para ser espectador. Sin miedo.
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