Van ya tres o cuatro días de leer la prensa de todos los colores en diagonal (como de costumbre) y me encuentro que todos dejan sus respectivos sesgos a un lado para cargar tintas sociológicas en una cosa que hacen los jóvenes de ahora que se llama “farmear aura”, que a lo que parece es algo así como dar el cante en el mundo de carne y hueso, grabarlo y multiplicarlo en las redes sociales con la sana intención de fardar y, de paso, expandir la masa de seguidores. El objetivo último de este postureo forzado, nadie lo ignora, es transmutarse en influencer de pro y de este modo generar ingresos por la cara, en el más amplio sentido de la expresión. Y a mí me parece bien, si tenemos en cuenta que en este mundo existen, y dentro de la legalidad, muchas otras formas de ganar dinero a espuertas moralmente reprobables, cuando no directamente miserables, merecedoras de análisis y denuncia editorial desde todos los frentes del espectro ideológico que, tal vez por carecer de tirón mediático, se quedan castigadas en el cuarto de los ratones.
“Farmear aura” no es más que otra noticia de verano insertada con calzador en el universo de eso que denominamos información. En el fondo, se trata de escoger al enemigo más débil y descargar en él la artillería pesada: un obús periodístico apuntado a una caca de cucaracha que genera un gigantesco cráter de despropósito pero, eso sí, bien escrito, bien razonado y, como siempre, con el apoyo de expertos en la materia. Los suscriptores de pago comentan airadamente el tema, que obviamente no va con ellos, pero que de alguna forma también demuestra un interés inconfeso en dejar su huella de dinosaurio en las redes. Como yo, supongo. Así que un muerto por aquí, un tiroteo por allá lejos, muchas mujeres -y hombres- florero pisando alfombras rojas y photocalls, el misterio de andar por casa del trapo en el fregadero, las primicias aterradoras de la DGT, los inquietantes bloques de noticias “patrocinadas”, chollos en Amazon, el cebo envenenado de magnos truños cinematográficos o musicales por venir. Se entenderá que no me quede otra que leer esa prensa de todos los colores con bloqueador de anuncios y en diagonal. A veces me da por pensar que hoy día estar informado no merece la pena. Y entre tanto, toda esa masa social con derecho constitucional de voto (ojo) que no pierde el tiempo con la prensa convencional se dedica, bien a la vendimia o bien a la cata de aura. Me voy a comer con unos amigos.
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