23 de octubre de 2026

Bam-bam (en gayumbos)

 Decido no empalidecer sin antes luchar por la resiliencia de mis carnes morenas frente al invierno censor de esa desvergüenza feliz con la que todos (y especialmente todas) vivimos el verano que ya se fue. Así, aprovecho la solana de la terraza de abajo para leer una novela cuasi-romántica (riesgos de agarrar lo primero que uno encuentra entre los anaqueles de su -es mucho decir- biblioteca) a pleno calzoncillo, a la vista de los nuevos habitantes de alto standing de lo que una vez fue la obra de enfrente. Mi momentazo Torrente a pleno sol, y que los del club social del otro lado de la calle piensen lo que quieran. Así que, en estado de semidesnudez, a gayumbo pelado, abordo la lectura del paperback sin el auxilio de las gafas de 2.5 aumentos, como un topillo valiente. La experiencia es rara: leer con los ojos entrecerrados, desde la celosía de las pestañas, se vuelve trabajo más bien especulativo y, sobre todo, de concentración intensa: predigo palabras probables, juzgando a partir del contorno borroso de la letra impresa y su coherencia con el hilo narrativo. El descifrado resulta a veces en un despropósito y otras, que son la mayoría, acierta con el significado entreleído. El caso es que, a pleno sol, y aún a trancas y barrancas, aún soy capaz de leer sin la prótesis de las gafas. 

En pleno esfuerzo lector, me doy cuenta de que estoy aplicando al contenido de las páginas una metodología similar a la predicción estadística sobre la que operan los modelos de Inteligencia Artificial. Me comparo, Yo Cegatón, con el algoritmo que más pronto que tarde apuntillará nuestra creciente torpeza mental, muy debilitada ya por los contenidos de consumo rápido en las pantallas de los teléfonos móviles... 

Lo físico, me temo, ya ha sido colonizado por la abulia de los mandos a distancia, la Roomba y otras soluciones tecnológicas sedentaristas que, al fin, hacen las delicias de fisioterapeutas y masajistas. Torpeza mental y flojera física como seña de identidad del hombre nuevo en el segundo milenio. Sudo. Dejo de filosofar. Mi terraza no conoce el invierno cuando los cielos de Madrid son los cielos de Madrid.

P.s. La Tractomula: Sustantivo poderoso que acompaña al bam-bam de mi corazón mientras me imagino fuerte, tenso, hidráulico como maquinaria industrial pesada a pleno rendimiento, mientras mis puños, como pistones, le arrean al saco: Bam-bam, bam-bam, bam-bam, según las Instrucciones que nos han dejado los cartageneros de Arde Bogotá en su último trabajo.

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