El look de invitado a esta o aquella boda, comunión o evento, los ochenta y seisavos de final de cualquier subtrama deportiva ordeñada hasta extremos insoportables, la precampaña electoral permanente sobre la que pivota el destino de los países y sus ciudadanos, los previos, precuelas, prólogos y preselecciones -ya no sólo la resurrección- de esos viejos festivales en los que nuevos cantantes hacen el ridículo, como nos advertía Jorge Martínez, que en paz descanse, la compra anticipada de entradas y las reservas vacacionales a años luz de un presente en el que ya no vive nadie, la atomización interesada del dato estadístico hasta el límite de lo irrisorio, los pies de barro de tantos ídolos de quita y pon a capricho de multitudes teledirigidas, el despiece en clave psicológica del cerebro humano donde cada quién escoge un trauma prêt-à-porter, millones de singularidades aupadas a categoría absoluta y el subsiguiente autoflagelo social a cuenta de la polarización, los espacios virtuales entendidos como repositorio de armagedones a demanda de descreídos conspiranoicos, la inmolación de la masa empanada contra el mínimo de inevitabilidad, las hembras de la especie humana transmutan en resentimiento la compasión biológica que tal vez merezcan, la ciencia avanza a razón de mini-saltito diario proclamado como zancada de siete leguas según el interés de aquellos más dispuestos a prostituirla, la vida y milagros inanes de quienes amasan poder y dinero: artistas en boga, reyes, reinas, aristócratas, millonarios degenerados, trileros y mercachifles exhiben lujo, moda, mansiones y cirugías y aprovechan su crestita de la ola para proferir necedades que los medios travisten de tendencias u opiniones respetables, el negocio de hacer caja a costa de la catarsis colectiva de admiradores ávidos de alcanzar por la vía rápida ese mismo poder y dinero del que por supuesto carecen, los falsos profetas y los fantoches verdaderos se multiplican aprovechando las corrientes fluidas de la realidad, la vida sana es hoy una cosa y mañana la contraria, hay expertos para todos los gustos, verdadero y falso desprovistos de letra pequeña son categorías fácilmente intercambiables si se escoge la fuente que más conviene, verdadero o falso como consejos comerciales. La sociedad, en fin, y a pesar de todo, avanza. Y evoluciona. Como afiliado del colectivo gris NSNC (no sabe, no contesta) sólo puedo proclamar desde el anonimato y con relativo orgullo que tenemos lo que nos merecemos.
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