18 de junio de 2026

Tricky en la sala de máquinas

 

Walking on the road with my liquor and gun; cock it for fun...” Ah, Tricky. Música densa y oscura del pasado que me reconcilia con ese futuro que ahora se vuelve a hacer presente. En pleno verano, primera ola de calor, pero aquí dentro, en mi cabeza, todo es bruma, inmovilidad y confort intrauterino. Desplazarse en el tiempo sin saber exactamente adónde. Así debe ser. Y todo eso es lo que sucede en el sofoco de la sala de máquinas de este yate de recreo. El mecánico y los otros marineros escuchan a Tricky. Arriba, en cubierta, sol implacable, gorra y gafas ahumadas de torturador. Sin pasajeros, sin novedad reseñable. Salvo por minúsculos rotos en las costuras yo diría que la tramoya de la realidad ha entrado en bucle. Este verano ya lo he vivido antes, muchas veces. No hay más soplo de brisa fresca que el que uno pueda procurarse pagando ventiladores y aires acondicionados, que es como una metáfora del putero. Del putero climático, pero también de los otros. Y en cuanto a los rotos, que debiera de ser la temática de estas letras, he de confesar que según progresaba en la entrada se me iban quitado las ganas de escribir sobre costurones y remiendos. Mejor me bajo a la sala de máquinas, a sudar con el resto de la tripulación. “Walking on the road with my soul in my hand”.

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