28 de marzo de 2026

Esta noche nos saltamos un meridiano por la cara

 

Esta noche nos saltamos un meridiano por la cara. Me gusta pensar que vienen días felices, tardes tibias de luz larga, calefacción apagada, ventanas abiertas y la linda pubertad verde del arbolado urbano en sus alcorques y, también, de mis macetas. Madrid se ha quedado razonablemente despoblado, prueba de que la felicidad vacacional aún nos iguala como seres humanos más allá de rifirrafes e ideologías, hasta nueva orden, digan lo que digan los Telediarios. Para celebrarlo como se merece: Silla, velador de mármol, manga corta, bandana tapacalvas, plato de langostinos cocidos y latita helada de Mahou de esas de a 25 centilitros. Se me cruza por la periferia de los cielos una nube despistada que pone en perspectiva toda esa masa azul que, al menos hoy, no se derrumbará sobre mi cabeza. Amancio Ortega en su yate no lo habría hecho mejor.

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