18 de marzo de 2026

Elipsis. Avatares en el pudridero.

 

Yo tenía que estar en Australia, pero estalló la guerra en el día festivo en que hubiera tenido que transbordar desde uno de esos estados de lujo teocrático, chilaba blanca y petroleo a cascoporro donde ahora arraciman los cielos drones y misiles como estrellas de oriente de saldo, fuera de temporada. Y aquí estoy, exiliado en mi propia casa, rumiando mi suerte gris tirando a negra, aún indigesto de lluvias y otros sucesos infaustos que se agolpan contra los muros de mi consciencia, empeñados en colarse en mi día a día. Y a fe mía que lo consiguen. Pero también ha habido cosas muy buenas. Cosas de cal o de arena, nunca supe cuál se corresponde con qué. Tantos días ya sin escribir y las cosas se me pudren dentro. Para bien, tal vez. Suelo fértil, agusanado para imaginar esos dioses o monstruos de chichinabo que pueblan mi vida. Desmantelaron la grúa ciclópea al otro lado de la calle. La obra está casi terminada y pronto se mudarán a las viviendas por estrenar gentes de dinero a los que la palabra vecino no les queda bien, me parece a mí.

No hay comentarios: