9 de abril de 2026

Beta-Testers de la estupidez

 

Bebo y bebo y vuelvo a beber de las fuentes efímeras de Instagram, en detrimento de artículos de prensa que demandan casi siempre una lectura más intensa y proactiva. Desde mi pereza, observo con cierto asombro una mutación del sesgo que depende de la comunidad de afines con los que intercambies reels como en una dinámica de fuego amigo: Ahora parece estar de moda fumigar la plaga de malas hierbas conspiranoicas a base de herbicidas cargados de ciencia, historia, sociología y otros compuestos culturales. Influencers cizañeros vs. divulgadores ilustrados: ¡la batalla está servida! (haciendo un inciso, debo decir aquí que los remedios caseros de toda la vida a base de intuición y sensatez también me sirven para detectar a priori las mamarrachadas que circulan por ahí sin que tenga que terciar Carl Sagan en el asunto...) Los propaladores de chorradas sin fundamento gozan de una obvia ventaja a la hora de incrementar la masa de seguidores: cuanto más escandalosa sea la sandez, mayor número de replicantes acríticos, lo que a su vez dispara la notoriedad y por ende la posibilidad de ingresos publicitarios -dinero fácil- que en el fondo es lo que anhela la inmensa mayoría de jugadores que postean con denuedo en las plataformas virtuales. El tiempo de reflexión es enemigo de la inmediatez. La gente lo quiere fácil y lo quiere ya. Pensar lo justo para dedicarse a lo importante: consumir, que es la ilusión nuestra de cada día. Los Iluminati no buscan otra cosa que una humanidad empanada, dividida y manipulable, y con este fin nos envían una sonda de conspiranoicos, como beta-testers del imparable avance de la estupidez humana.